jueves, julio 12, 2007

Tanto para escoger y tan poco seso

¿Perros o gatos?
¿Platón o Aristóteles?
¿Oriente u occidente?
¿Beatles o Stones?
¿Televisión o libros?
¿Clásico o barroco?
¿Izquierda o derecha?
¿Razón o sentimiento?
¿Realidad o ficción?
¿Amor y odio?

sábado, julio 07, 2007

Johanna y Valeria y los vampiros y yo

Algo tendría que hacer ella ese día y ni idea de qué pasaba entonces por la cabeza de los cine clubes, si es que tienen una aparte de la de dotación de quien los dirige, pero junto con Betty Blue y Saló se repetía Valeria y los vampiros como si fuera un cuento de Caicedo. Johanna me había dicho ya varias veces que quería ver la película y yo, hasta el momento, no la había oído mentar y no imaginaba de qué iba. Las cosas cambian y hoy no recuerdo de qué va. Nos despedimos en la puerta o cerca de la puerta del lugar al que ella tenía que ir de cualquier manera y después de dos cuadras de ocio meditativo cogí el bus y me fui a El Muro. Qué me pasaba a mí por la cabeza, si es que tengo una, no tengo ni idea. Al final ni entendí la película y sólo tengo la imagen de unas gotas de sangre cayendo sobre el pasto y de unos tipos con látigos corriendo por la calle y gritando. Traté de meter la imagen de los látigos en una historia que estuve tramando años después, también con vampiros, pero la falta de atención del mundo exterior terminó matándola. Los pobres vampiros no murieron por insolación sino de desolación.
Tampoco me acuerdo de lo que pasaba la tarde en que se destapó la verdad, pero creo recordar que hice un comentario del tipo torpe: “En Valeria y los vampiros pasa algo parecido”. Johanna abrió los ojos: “¿La viste?” Mierda. “Pero habíamos quedado de ir a verla juntos… ¿Cuándo la viste?” Justo el día en que ella no podía. Sin espejos, me vi asquerosamente miserable y me dio miedo de lo más peor que se me ocurría en esa época. También creo que pensé que botarme por una película sería muy elemental, pero bueno, terminar una relación puede ser un acto de lo más elemental. Las cosas no terminaron allí, de eso estoy casi seguro, pues tengo otros recuerdos que lo discuten (a menos que me los haya inventado, y ahí sí tengo problemas), pero de cualquier manera no hubo final feliz, más bien porque no los hay, porque los finales y la felicidad en la vida son escasos y de naturaleza variada y por matemática tienen pocas probabilidades de coincidir. Hubo un final y hubo felicidad, eso sí, aunque no necesariamente en ese orden y no entonces. Hubo luego más finales y otras felicidades, de cada uno por su lado. Pero igual que esa vez, egoísta y torpe, sólo podría dar razón de los que me tocaron (no los que me correspondieron sino que se acercaron y me tocaron, pues de otra manera no me habría dado cuenta).

miércoles, julio 04, 2007

2012

El mundo se va a acabar. Y todos nos vamos a morir. Y mañana será otro día (con o sin mundo; amanecerá en Marte y Júpiter). Ahí es cuando me pregunto qué es el mundo, si somos nosotritos, accidentes sonrientes a ratos, o todos, al tiempo e indiferenciados, o unos pocos que no nos incluyen, o lo que sabemos y lo que creemos, o sólo el planeta (perdón por lo de sólo). Si nos acabamos completos o a pedacitos o si somos hermanos y hermanas muriéndonos (si nos morimos) o si implotamos sin ruido, cada uno en su esquina diligentemente reunida y esculpida (para los que alcanzaron). ¿Y si fuera cierto y el 2012 fuera el último hito que le llegáramos a leer al tiempo? En ratos de harta indignación quisiera uno creer que es verdad para no averiguar cuánto más abajo es abajo, respecto a nuestros alcances. ¿Será que nos levantamos analfabetos o no sabiendo qué fue de occidente (e ignorando a oriente por falta de referencia cardinal) o mudos o ciegos o con alas en la espalda y avergonzados por no haberlas pedido o con una espada de fuego parada en la puerta del cuarto diciéndonos que quiubo a ver, háganle? Imaginemos, aunque sea por la gana de no dejar que el miedo a la lluvia de fuego y a las bestias de siete cabezas debidamente hambreadas para la ocasión nos haga gritar caos, que el tiempo, a punto de acabarse, comienza a ponerse más y más lento, como atravesando una jalea invisible, permitiéndonos ver (que no se diga que nos vamos con un mal recuerdo) su verdadera forma, con cada uno de sus minutos y segundos (sus nombres en correcto hebreo, supongo) nítidos como una sombra. Al menos podremos sorprendernos de si era lindo o no el bicho y si, a la larga, merecía tanta bulla y atención. ¿Pero y si no se trata más que de un hipo en la trama de las cosas y, por un instante, hay un silencio definitivamente absoluto que nos mete miedo hasta los huesos para después seguir, con todo y la cara burlona, como si nada, en la algarabía consoladora de antes? Tal vez deberíamos hacer el último concurso para diseñar el fin del mundo más hermoso y/o más interesante (aclaración: no el más acertado, pues lo más probable es que una cosa excluya a la otra), con premio simbólico, el mero orgullo será, porque no se cree que el único Sobreviviente (o Sus elegidos, distraídos en el estreno del juguete nuevo de la telepatía y la comunión con los leoncitos y las ovejas) ande para atender semejantes minucias cuando estará pensando en Su merecido descanso, entendiendo que si seis días de creación cansan, qué no serán cinco milenios de aguante. Ya registran las noticias que en el 2011 las fábricas de desmanchadores se enriquecerán por última vez, en previsión de la proliferación de sangre en el lavaplatos y en abril. De llegar a ser verdad que el callejón no tiene salida, ojalá sea contagioso el masoquismo, así llegamos todos igual de preparados.

miércoles, junio 20, 2007

Infamia

Con tiempo y atención todos los villanos terminan pareciéndose. Tuve un amigo, hace rato, que cuando se peleaba con alguien, por la razón que fuera, resultaba víctima de calumnias, ataques dementes y virus informáticos, invariablemente después de la tercera vez, mientras se había guardado la esperanza, las dos primeras, de que no fuera más que coincidencia. Por supuesto se consideraron la imitación y la simple y vulgar falta de imaginación de parte de los nuevos enemigos, aunque su mente elaboraba conspiraciones, no por más enredadas más interesantes, donde todos se unían para vencerlo en conjunto visto que no habían podido de a unito. Pero con la aburrición de tarde o temprano quedó bastante en evidencia una explicación más simple. Ayer oí una historia con villano reiterado, igual de ladrón y calculador que los de los otros cuentos contados por la misma persona, y desvarío hoy sobre cómo serán los míos, supongo que monótonos y repetitivos, incapaces de ver más allá de sus ojos, porque hasta las narices les quedan grandes. Como diría Borges: la historia de los hijueputas es personal.

viernes, junio 15, 2007

Las nuevas aventuras de Melodía Estéreo

Qué aburrición estar despierto hoy.
En los días quietos parece que el tiempo pasara en otra parte, como por lo general suelen hacer la historia (con mayúscula), la buena suerte o la felicidad. Parece en el primer momento que no hay tiempo y se mira cada nada el reloj esperando que se sienta aventurero y haya tenido algún arrebato, pero él está tan o igual de aburrido que uno y levantar cada segundo para avanzar le cuesta. Entonces uno se da cuenta de que ya es mediodía, dos días más luego, y para no sufrirse la imaginación pensando en la tarde que todavía falta almuerza, pues ni hambre es que se tenga, seguramente con pasta, cada tirita amarilla adormecida sobre el plato como un instante, una hora, una impaciencia, apelmazada contra las otras, indiferente, insoportable al segundo bocado. Qué gran cosa sería entonces que el día fuera como una ensalada, fresca, verde y crujiente, con sus gotitas de ácido. En medio de la quietud los sonidos llegan con la claridad de un televisor con un solo canal: el computador ronronea de infelicidad, los carros se persiguen y se empujan, la silla chirrea, las puertas de las otras oficinas se abren y se cierran, en cualquier orden, tal vez sin dejar entrar o salir a nadie, sólo por hacerlo y no entumirse. Una sirena, un teléfono, una voz ajena, las uñas que crecen, el almanaque recitándose solito con la música de los pollitos o de la iguana tomaba café. Y apenas van cinco minutos. No hacemos ningún esfuerzo por mantenernos a flote en medio de esta viscosidad porque, a pesar de todo, es más densa que nosotros, y en su apenas trasluz vemos pasar lejos las siluetas de los días activos ajenos, que ni siquiera se paran a mirarnos en medio de la pecera enorme, porque saben que a lo mejor mañana o pasado les toca el turno, aunque el celular les diga otra cosa.

martes, junio 12, 2007

La verdad penúltima

En un artículo inédito de la Revista Semana estuvo a punto de revelarse que la responsabilidad de todos los desequilibrios sufridos por Colombia le corresponde a cierta sociedad secreta de ancianos que, desde las sombras (y cómo no), mueven los hilos a su antojo con el único y siniestro fin de seguir teniendo tema de conversación.

Una corrección

La voz unicornio más que a la teratología animal pertenece a la verbal, pues la palabra es un monstruo compuesto por una raíz latina (unicus: único, uno solo) y una raíz griega (ornithos, ornos: pájaro) y se refiere a algún bosque incierto en la antigua Europa Central, famoso por ser el único lugar del mundo conocido con tan solo un pájaro. Desafortunadamente, la palabra nos permite saber de la existencia de un lugar semejante, pero no nos dice nada sobre las características de ese pájaro solitario, cosa que implica una doble laguna en el bestiario, pues de esta manera no sólo desconocemos al ave sino que debemos suprimir al unicornio de la fábula conocida. Al parecer la confusión que vinculaba el nombre unicornio a la zoología y no la geografía, como correspondería, se debe a la costumbre del pájaro de usar como percha el cuerno único que nacía de la frente de cierta criatura blanca, semejante a un caballo pequeño, que también habitaba en su bosque.