miércoles, octubre 03, 2007
tan solo somos puntos punto los puntos que aguardan a alguien que les corresponda sus ies coma los puntos suspensivos de una duda o una espera punto la menor marca y la menos comprometida coma el accidente de un lápiz que cae punto puros alientos silenciosos dándole sentido a las frases de otros punto
domingo, agosto 12, 2007
Vidaliana
Hay guantes —y por alguna razón suelen ser los rojos, velludos por fibras de lana— que tienen la costumbre de vestirse una mano cuando sufren de frío. Al parecer no son las únicas prendas con esas tendencias, y cuando los fríos de abril se condensan en gotas, las casas con problemas de calefacción se vuelven una enciclopedia menor de fantasmagorías bufas. Las molestias que causen pueden siempre resolverse con una buena charla y algunas garantías intercambiadas, pero, y vuelvo a los guantes rojos y despeinados, en casos como este parece persistir, por encima de todo acuerdo, una malicia sonriente que los mantiene en su juego. Por eso no hay que sorprenderse más de la cuenta al toparse con un guante inflado y cómodo, como si a alguien (que bien podría ser uno mismo) se le hubiera olvidado sacar la mano al quitárselo. La sorpresa de las personas los divierte y con ello se alimenta el ego dactiliforme de los guantes rojos y felpudos, lo que llevaría, inevitablemente y con el tiempo, a su emancipación, cosa que no aceptaremos por lo menos hasta dentro de un par de meses, y con posibilidades de reconsideración cada noche y hacia el final del año. De modo que si se topa usted con su guante rellenito y cómodo, esperando sobre una mesa, no se asuste ni piense que alguien o algo lo viste mientras usted se descuida; tan sólo sacúdalo un poco, acompañando el movimiento con una o dos reconvenciones, evitando eso sí, dentro del más de sus posibilidades, llegar a creer que cinco protuberancias piensan más que una.
jueves, julio 26, 2007
Hilo
Dios, viejísimo, se encuentra en medio de la Nada el cabo de un hilo, se enreda con él, como nos toca a nosotros cuando no vemos por dónde pasó una araña, y después de superar la molestia lo agarra y lo observa. El hilo llega desde el infinito oscuro, lleno de colores: si le diera alguna luz brillaría como un prisma. Dios se concentra apretándolo entre las yemas de los dedos (o su equivalente) y se deja llevar. Repasa desde el final hasta el principio una historia que ya se le había olvidado, viéndola engordar de a poquitos, convertirse en una cuerda gruesa, enorme y anudada y adelgazar otra vez, hasta terminar con su cara en el otro extremo, sorprendida y vieja, sosteniendo el principio del mundo.
martes, julio 24, 2007
Los dragones de los Cien Pesares
«...teníamos siempre una estera por persona y una cabecera de lana cubierta de dragones negros y rojos... Al final de la tercera pipa los dragones se movían y peleaban. Yo los he mirado durante muchas, muchas noches. Me medía de esa forma, y ahora necesito una docena de pipas para hacerlos dar vueltas. Además están todos rotos y sucios, como las esteras, y el viejo Fung Tching ha muerto...»
—Rudyard Kipling, "La Puerta de los Cien Pesares" (Traducido por Jorge Luis Borges)
—Rudyard Kipling, "La Puerta de los Cien Pesares" (Traducido por Jorge Luis Borges)
Puente
“Yo me soñé que…” le va diciendo él a ella. Al fondo se eleva un avión, como un mestizaje entre bala y cruz, apenas más oscuro que el cielo gris. Junto a la calzada hay un jazmín en flor.
jueves, julio 12, 2007
Tanto para escoger y tan poco seso
¿Perros o gatos?
¿Platón o Aristóteles?
¿Oriente u occidente?
¿Beatles o Stones?
¿Televisión o libros?
¿Clásico o barroco?
¿Izquierda o derecha?
¿Razón o sentimiento?
¿Realidad o ficción?
¿Amor y odio?
¿Platón o Aristóteles?
¿Oriente u occidente?
¿Beatles o Stones?
¿Televisión o libros?
¿Clásico o barroco?
¿Izquierda o derecha?
¿Razón o sentimiento?
¿Realidad o ficción?
¿Amor y odio?
sábado, julio 07, 2007
Johanna y Valeria y los vampiros y yo
Algo tendría que hacer ella ese día y ni idea de qué pasaba entonces por la cabeza de los cine clubes, si es que tienen una aparte de la de dotación de quien los dirige, pero junto con Betty Blue y Saló se repetía Valeria y los vampiros como si fuera un cuento de Caicedo. Johanna me había dicho ya varias veces que quería ver la película y yo, hasta el momento, no la había oído mentar y no imaginaba de qué iba. Las cosas cambian y hoy no recuerdo de qué va. Nos despedimos en la puerta o cerca de la puerta del lugar al que ella tenía que ir de cualquier manera y después de dos cuadras de ocio meditativo cogí el bus y me fui a El Muro. Qué me pasaba a mí por la cabeza, si es que tengo una, no tengo ni idea. Al final ni entendí la película y sólo tengo la imagen de unas gotas de sangre cayendo sobre el pasto y de unos tipos con látigos corriendo por la calle y gritando. Traté de meter la imagen de los látigos en una historia que estuve tramando años después, también con vampiros, pero la falta de atención del mundo exterior terminó matándola. Los pobres vampiros no murieron por insolación sino de desolación.
Tampoco me acuerdo de lo que pasaba la tarde en que se destapó la verdad, pero creo recordar que hice un comentario del tipo torpe: “En Valeria y los vampiros pasa algo parecido”. Johanna abrió los ojos: “¿La viste?” Mierda. “Pero habíamos quedado de ir a verla juntos… ¿Cuándo la viste?” Justo el día en que ella no podía. Sin espejos, me vi asquerosamente miserable y me dio miedo de lo más peor que se me ocurría en esa época. También creo que pensé que botarme por una película sería muy elemental, pero bueno, terminar una relación puede ser un acto de lo más elemental. Las cosas no terminaron allí, de eso estoy casi seguro, pues tengo otros recuerdos que lo discuten (a menos que me los haya inventado, y ahí sí tengo problemas), pero de cualquier manera no hubo final feliz, más bien porque no los hay, porque los finales y la felicidad en la vida son escasos y de naturaleza variada y por matemática tienen pocas probabilidades de coincidir. Hubo un final y hubo felicidad, eso sí, aunque no necesariamente en ese orden y no entonces. Hubo luego más finales y otras felicidades, de cada uno por su lado. Pero igual que esa vez, egoísta y torpe, sólo podría dar razón de los que me tocaron (no los que me correspondieron sino que se acercaron y me tocaron, pues de otra manera no me habría dado cuenta).
Tampoco me acuerdo de lo que pasaba la tarde en que se destapó la verdad, pero creo recordar que hice un comentario del tipo torpe: “En Valeria y los vampiros pasa algo parecido”. Johanna abrió los ojos: “¿La viste?” Mierda. “Pero habíamos quedado de ir a verla juntos… ¿Cuándo la viste?” Justo el día en que ella no podía. Sin espejos, me vi asquerosamente miserable y me dio miedo de lo más peor que se me ocurría en esa época. También creo que pensé que botarme por una película sería muy elemental, pero bueno, terminar una relación puede ser un acto de lo más elemental. Las cosas no terminaron allí, de eso estoy casi seguro, pues tengo otros recuerdos que lo discuten (a menos que me los haya inventado, y ahí sí tengo problemas), pero de cualquier manera no hubo final feliz, más bien porque no los hay, porque los finales y la felicidad en la vida son escasos y de naturaleza variada y por matemática tienen pocas probabilidades de coincidir. Hubo un final y hubo felicidad, eso sí, aunque no necesariamente en ese orden y no entonces. Hubo luego más finales y otras felicidades, de cada uno por su lado. Pero igual que esa vez, egoísta y torpe, sólo podría dar razón de los que me tocaron (no los que me correspondieron sino que se acercaron y me tocaron, pues de otra manera no me habría dado cuenta).
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