Llego al claro y extraño la luna, pero puedo ver el brillo de los ojos disfrazado en las sombras. El lobo. Me acerco y él camina hacia mí. Sonrío y él sonríe. Pero no, no sonríe. Su hocico parece incómodamente enorme y babea siguiendo el ritmo espeso de su respiración. Lo arruga con desconfianza. De pronto oigo algo tras de mí. Doy la vuelta y lo veo.
Un lobo. Es más pequeño y flaco. Parece un perro salvaje. Y detrás de él otro más.
—Un lobo —susurro, y empiezo a temer. El tercero es enorme como una mano capaz de aplastarme. Todos se acercan despacio. Un cuarto lobo gruñe a mi derecha. —¡Un lobo! —intento gritar, pero apenas gimoteo. Tiene el pelaje largo y pegoteado. El calor de sus alientos empieza a rodearme junto con el olor reconcentrado de la sangre y la carne putrefacta. No sé en qué momento llega el quinto, pero estoy seguro de que ahora hay uno más.
El miedo resulta incontenible y finalmente estalla para salir de mi cuerpo. —¡Un lobo, un lobo! —grito con desesperación y me hace eco el eco de un disparo incongruente en algún lugar muy alejado. Por un instante brevísimo, antes del dolor, el primer mordisco se siente como una bienvenida. Claro, pienso al final. Claro.
sábado, marzo 24, 2012
jueves, diciembre 01, 2011
Las paralelas nunca se encuentran. Metafóricamente, no importa.
Hace años, casi veinte, jugaba Dungeons & Dragons. No es una confesión porque no deben quedar muchas personas que no lo sepan. Digamos que es una admisión, con una finalidad narrativa: cada vez que la empresa que lo producía sacaba un suplemento nuevo, el universo de las reglas se trastocaba. Había cosas que no se podían volver a jugar porque no estaban contempladas dentro del nuevo sistema, así como justo antes de eso había cosas que no se jugaban porque nadie había dicho cómo se veían en forma de reglas conocidas. Éramos pequeños y era un juego.
Ahora pertenezco al gremio de la corrección de estilo. Pues bien: cada que la Real Academia de la Lengua reconsidera su gramática se nos trastoca la tarea. Dejamos de escribir Qatar para escribir Catar, porque así lo dicta. O ya no escribimos 1º sino 1.º, porque, claro, así es más lógico, y antes de esa observación la manera en que lo escribíamos no tenía sentido y el mundo era un caos de desinformación. Separamos los signos $ y % de los números que acompañan porque corresponden a palabras y entre palabras debe haber un espacio, o ya no usamos puntos para señalar los miles en una cifra porque la globalización nos está enredando la diferencia entre punto y coma (culpa de los gringos, obvio). O simplemente nos negamos a usar una palabra porque no se encuentra en el diccionario (que es como las páginas amarillas del idioma (chiste local)), no importa que la usemos a diario y que prácticamente todas las personas que conocemos, con la posible excepción de correctores o puristas demasiado celosos, la entiendan. Pero somos adultos y se trata de una cosa seria.
martes, octubre 11, 2011
Lo que se dice de este blog (o su autor) en otras partes
"El literato peor leído del mundo".
The New Yorker
"Si me dieran un centavo por cada vez que sus reflexiones me inspiran lástima, tendría un centavo y estaría viendo cómo cobrar por las veces que me inspira aburrimiento".
Times Literary Supplement
"Su mera existencia es una ofensa para la intelectualidad. Me quita todas las ganas de citar a alguien".
El Espectador
sábado, septiembre 10, 2011
254896137
Quiero un gato para ponerle Sudoku. Que sea a rayas. Después me las arreglo con el hecho de que no se crucen. Que maúlle números en japonés. Que el número de maullidos sea siempre nueve. Que el orden cambie siempre. Que quiera decirme algo con cada serie distinta de maullidos, 45 ideas complejas que no le voy a entender. Pero que nos entendamos, de todas formas. Yo lo aguanto, él me aguanta. Que de vez en cuando me muerda sin razón y yo me lo sacuda con rabia y nos miremos fijamente cuando caiga en el rincón (de pie, claro: no esperamos mayor falta de originalidad en un gato), con cara de cuchillo él y con cara de zarpazo yo. Entonces me maullará el inicio de algo y decidirá que no va a desperdiciar su filosofía conmigo. Gato hijuemadre.
viernes, septiembre 09, 2011
Monterrosiana
Ventaja del hombre invisible: muy al contrario (o al contrarísimo) de los vampiros, se refleja en todas las superficies. Su favorita (la fascinación a medio camino entre la alegría y el vértigo) es la hoja en blanco.
miércoles, septiembre 07, 2011
¡Arriba los libros, abajo las fotocopias! (así quedan sin arrugas)
Se aíra un profesor caleño en la sección de cartas de los lectores de El Espectador: "las universidades son el emporio de la fotocopia". Eso va en medio de otro lamento por la muerte del libro y, con él, de la cultura. Claro. Son la misma cosa. Por eso sólo empecé a leer de verdad cuando conseguí con qué comprar libros.
Nadie ha hablado de lo perjudicial que es para el entendimiento (y, a la larga, para la cultura) leer en hojas carta apaisadas y grapadas. La grapa es la clave, me atrevo a especular. Los estudios y las celebraciones del papel del papel en la evolución de Occidente han quedado incompletos por los siglos de los siglos, porque sólo le reconocen a la encuadernación méritos de comodidad y almacenamiento. Qué va. Somos lo que somos (quienes lo somos, claro está; los que no leen o los que leen en fotocopias no, ni soñarlo) gracias al lomo de los libros. La conclusión es vieja: qué burro el pasado, qué burro el futuro.
Nadie ha hablado de lo perjudicial que es para el entendimiento (y, a la larga, para la cultura) leer en hojas carta apaisadas y grapadas. La grapa es la clave, me atrevo a especular. Los estudios y las celebraciones del papel del papel en la evolución de Occidente han quedado incompletos por los siglos de los siglos, porque sólo le reconocen a la encuadernación méritos de comodidad y almacenamiento. Qué va. Somos lo que somos (quienes lo somos, claro está; los que no leen o los que leen en fotocopias no, ni soñarlo) gracias al lomo de los libros. La conclusión es vieja: qué burro el pasado, qué burro el futuro.
jueves, septiembre 01, 2011
*
Ayer creí ver un pájaro pequeño y verde
Luego descubrí que era una golondrina mareada
(Mucho tiempo al sol)
Luego descubrí que era una golondrina mareada
(Mucho tiempo al sol)
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