lunes, julio 14, 2008
Fragmentos huérfanos
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Sueño con un cielo demasiado grande y de un azul inverosímil. Las nubes son blancas, a veces grises. Me angustia su movimiento, sus bordes indefinidos pero perfectos, la sensación de vacío del conjunto. Cuando bajo los ojos estoy en un patio grande, con un piso tieso y seco resquebrajado por relámpagos de pasto. Las paredes están muy lejos, y los techos que sostienen son muy bajos. Todo es exagerado, todo está al revés. Pero hay también un placer extraño en eso: el cosquilleo del vértigo, sobre todo, con algo más, algo que es casi tangible en el sueño pero que de este lado sólo es comparable a un sentimiento. Como si la felicidad hubiera encontrado un lugar preciso en mi pecho y al moverse sintiera su forma de mostro, sus espinas, sus miles de patas y uñas.
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Me imagino ahora que me encorvaba sobre el cuaderno como un avaro y me hacía cada vez más miope. Pero entonces sólo pensaba en el movimiento sobre la hoja, las formas y los colores, aunque ninguno fuera mío, y transcribía los dibujos que me encontraba o me ponían en frente, rodeado por curiosos, admiradores y envidiosos. Tenía su atención y eso, a veces más que el mismo dibujo, era lo único que veía. Hoy sólo me queda suponer y me veo desde fuera, como en un sueño o como si hubiera muerto, y desde arriba, porque soy tan alto, porque era tan pequeño. Era tan pequeño. El espacio debajo de mi cama era un lugar posible. Cabía en una silla de juguete con un pupitre de juguete y me sentía fuerte por poder levantarlos. Me fatigaba atravesando a la carrera un patio que hoy me cabe en la palma de la memoria. Corría espantado y gritón por la calle, perseguido por un perro enano y feísimo. Montaba en una bicicleta que tenía la silla en el tope más bajo. Me dormía en el carro y me despertaba en la cama, sin el recuerdo de haber tenido que tocar el piso.
sábado, mayo 24, 2008
Tres gatos en una manzana
Un gato es un preámbulo indefinido a una arremetida, un mordisco y un arañazo. Los pájaros y otros bichitos tienen la mala suerte de enterarse con cierta frecuencia del caso, pero muchos (bichos o no) nos quedamos solamente con el anuncio, el título más largo o más suficiente para una historia. Este no soy yo, dice el gato con los ojos medio cerrados, mejor no averigüe.
A la indiferencia le gusta disfrazarse de cuando en vez de paciencia y para eso se pone, como si fuera un guante, la forma de un gato. Se sienta entonces a ejercerse, a aparentar que no hace nada cuando la verdad es que no le importa, y al primer engañado le revela que no es lo que parece, pero no le revela lo que es.
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El viento ayuda a deshojar un árbol que una enfermedad paciente está dejando sin verde, con las ramas vestidas a medias. En la esquina amarilla alguien pintó de un plantillazo en la pared un gato negro parado junto a la caja de teléfonos. Cuando las hojas del suelo se mueven para abrirles paso a las bolsas plásticas, gordas de viento, el gato sacude las orejas y corre a esconderse.
martes, mayo 06, 2008
Primeras imágenes del jardín
[Nadie sabe qué camino cogen todas las materas y sus matas. Alguien especula que hacen turnos en jardines extraños, para conseguir con qué pagar.]
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Parece que la culpa es de la nostalgia
por unas manos que lo contengan
de desmoronarse en hojas marchitas
y aureolas de tierra reseca
sobre las baldosas
[como órbitas sin planetas]
como un icono habitado
por santos ausentes.
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Hay un jardín abandonado
en la casa del viudo
que se desmorona y se deshoja.
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Un camino de hormigas
llega hasta el castillo de las moscas
que también es una golondrina muerta.
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Hay un jardín deshabitado en una casa abandonada
los dos compiten por olvidar
toda semejanza y apariencia.
miércoles, abril 23, 2008
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lunes, abril 21, 2008
La mujer que afinaba cellos
Esta es una lista de algunas cosas que recuerdo de ella, o sea, esta es ella para mí tal como ahora puede ser:
El gorro de lana que tenía el primer día que la ví (durante el cual no fue más que la niña del gorro).
El cabello verde que nunca supe que se cortara o peinara (quería parecer un árbol).
Unos pies pequeñitos.
Unos fragmentos de voz.
Algunas palabras (por alguna razón no puedo hacer que la voz y las palabras se conjuguen en un recuerdo).
Un cuarto lleno de gatos (cinco en realidad, pero no se necesitan más para llenar un cuarto pequeño).
Un cello en el clóset.
La nieve.
Pensándolo hoy, es muy rara la manera en que construimos nuestros propios mostros con despojos de memoria y eso nos basta para quererlos.